Ceranda Digital

Publicado el 9 de Octubre, 2005, 11:52

Escrito por Soledad Gallego-Diaz

El Pais - 08-10-05

"Igual que una persona que siempre esté hablando de su decencia es de la que podemos esperar, en algunas ocasiones, la más fría y despreocupada crueldad, así cuando un grupo social se considera a sí mismo portador de la civilización podemos estar seguros de que traicionará esa creencia comportándose como un bárbaro a la primera oportunidad". Esto lo escribió Simone Weil, una filósofa francesa, en los años 40 pero, desgraciadamente, está de plena actualidad. A la primera oportunidad, los españoles nos estamos comportando como unos bárbaros. ¿Cómo es posible que se pongan en marcha, con aparente satisfacción de todo el mundo, unas "medidas excepcionales de repatriación" que significan, en la práctica, abandonar a centenares de personas a su suerte en zonas desérticas entre Marruecos y Argelia? ¿Dónde está la repatriación? ¿A qué patria se les devuelve? ¿Cómo es posible que no se encuentre una solución menos bárbara y cruel?  

No es aceptable que a la primera ocasión nuestras autoridades pierdan los nervios y que todos reaccionemos como salvajes. La calma de la que hacemos gala para otras cosas puede aplicarse también a esta crisis. Un poco de tranquilidad y de sentido común. Jamás hubiéramos pensado hacer lo que vamos a hacer si esas personas no fueran negros, pobres y estuvieran desasistidos de todo tipo de apoyo, ayuda o consejo. Hagamos como si fueran blancos: pactemos una salida menos brutal de esta crisis. Seguro que la hay. Esas personas están en territorio español y tienen unos derechos que no se pueden avasallar. Una cosa es que ellos no puedan entrar empujando la valla de la frontera y otra que se les pueda echar de otro violento empujón.

Los subsaharianos que han asaltado las verjas de Ceuta y Melilla no tienen la menor intención de quedarse en esos dos enclaves norteafricanos, y en ningún caso ponen en entredicho ni en peligro su condición de ciudades españolas. Lo que pretenden es que se les traslade cuanto antes a la Península para intentar rehacer su vida en España o en otros lugares de Europa. Así que no tienen sentido las manifestaciones de españolidad o las sospechas sobre segundas intenciones de Marruecos. Si su propósito hubiera sido demostrar la fragilidad de las dos ciudades, el resultado no hubiera podido ser más contraproducente: ha justificado que España levante un tercer muro, que envíe al Ejército a patrullar la frontera y que amplíe los medios de protección de las dos ciudades. Todo ello, sin que Rabat pudiera expresar la menor protesta.

La realidad es que, por su proximidad a Europa, Marruecos atrae a miles de personas de toda África, dispuestas a probar fortuna en el Primer Mundo. Es cierto que Rabat no ha desarrollado todavía una política de visados, pero recordemos que la Unión Europea se pasó años pidiendo, sin éxito, a España que cerrara sus fronteras a los latinoamericanos. Probablemente, Marruecos termine haciendo lo mismo, no para protegernos a nosotros, sino para impedir que sus propias ciudades se llenen de transeúntes en paro. Mientras tanto, busquemos soluciones para crisis como las de Ceuta y Melilla sin convertirnos todos, marroquíes y españoles, en unos auténticos bárbaros.

PS. Hay, sin duda, unas cosas más importantes que otras. Pero algunas que pueden parecer tonterías, no lo son. No lo es el racismo, el antisemitismo o el machismo. La intervención de Amando de Miguel preguntando a la directora general de la Mujer, Patricia Flores, si tenía clítoris es una demostración de rancio machismo, grosería y mala educación. Lo irritante es que continúe siendo miembro del CES de la Comunidad de Madrid y que sus colegas (salvo los nombrados por UGT y CC OO) no le hayan pedido que se disculpe. ¿No tienen nada que decir Francisco Cabrillo, Miguel Ángel Belloso, Pedro Schwartz, Carlos Rodríguez Braun, Luis de Guindos, Fernando Becker o Elena Pisonero? Han pasado 17 días, tiempo más que suficiente para que Esperanza Aguirre tomara una decisión. No se trata de una cuestión de ideología. Se puede ser muy de derechas sin colocar la inteligencia a la altura del prepucio. Aguirre siempre ha sabido que hay cosas que no se pueden dejar pasar porque son un precedente que después soportamos todas las mujeres. Sería una lástima que, a estas alturas de su reconocida trayectoria, hubiera cambiado de opinión y ya no supiera distinguir cuando le faltan al respeto. 

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