Ceranda Digital

Publicado el 8 de Noviembre, 2005, 18:02

                                                                                                                                                                 

Escrito por Enrique Meneses

Bitacora de Enrique Meneses -07-11-05

En tiempos de Lionel Jospin, se desarrollaron políticas destinadas a mejorar la suerte de los inmigrantes cuyos hijos y, hasta en algunos casos, los nietos ya nacieron en Francia y son franceses. El desarraigo correspondía a los primeros llegados pero sus descendientes, de lo que sufren es de paro elevadísimo, de discriminación y de estar encerrados en "ghettos". ¿Puede una situación similar a la revuelta incendiaria que vive Francia, producirse en España?

El problema no es de fácil solución. Francia y Alemania llevan unos años de crecimiento inapreciable. Los dos son países exportadores y la fortaleza del euro, así como la competencia asiática, están erosionando la capacidad productiva de los dos países. España se salva porque la construcción y el turismo mantienen un crecimiento de 3,6% anual. Hemos construido 800.000 viviendas, en un año, más que lo construido en Francia, Alemania e Italia juntas. Este sector requiere mano de obra poco cualificada, exactamente la que mayoritariamente ha llegado a España estos últimos años. Nosotros no estamos conviviendo con la segunda o tercera generación de inmigrantes muchos con nacionalidad española. Los recién llegados viennen con ganas de trabajar en cualquier tarea que los españoles ya no quieren realizar. No sucederá lo mismo con los hijos de estos inmigrantes que están ya en nuestras escuelas. Disponemos de algunos años para llevar a cabo inteligentes políticas de integración, estudiando muy seriamente los errores cometidos por otros países de la Unión Europea con más experiencia que nosotros.

En primer lugar, hay que evitar que los extranjeros que vienen a nuestro país se agrupen en zonas concretas de nuestras ciudades o autonomías. Esto dificulta esa integración pero es culpa de unos y otros. Los españoles que rehusan alquilar sus pisos a los inmigrantes porque temen que se subarriende por habitaciones a otros inmigrantes,o se marchen sin pagar y destrozando el mobiliario, lo hacen porque la legislación no es adecuada para expulsar un inquilino que no paga y porque consideran que se desvaloriza su propiedad al tener sudamericanos o africanos como vecinos. Por otro lado, los recién llegados tienden a agruparse como medida de autodefensa y ayuda. Las fiestas y costumbres de los recién llegados, resucitan en zonas concretas de nuestra geografía, en mercadillos, en locutorios, en organizaciones que se encargan de enviar ahorros al país de orígen. Asi nacen los "ghettos".

En España,las escuelas públicas están aguantando el grueso de los hijos de inmigrantes procedentes de áreas de cuatro continentes bien diferentes: Iberoamérica, del americano, Maghreb y África Subsahariana, del africano, y de la Europa del Este. El aspecto físico y los apellidos van a ser los que produzcan rechazo o aceptación. Ello repercutirá en el alquiler de una vivienda. Las escuelas de pago, recibirán a un grupo seleccionado de alumnos extranjeros con padres de cierto nivel económico y cultural. Los concertados deberán aumentar el porcentaje de niños extranjeros y, junto con los públicos, necesitarán apoyo económico y de profesorado especializado para compensar retrasos y deficiencias en el conocimiento del idioma. El dinero es un factor importante y los gobiernos de derechas en Francia, redujeron las prestaciones sociales en materia de vivienda, educación y policía de proximidad. El resultado lo estamos viendo.

Hay dos maneras de evitar lo que está sucediendo en Francia: construir cárceles o gastarse ese dinero en políticas sociales. Mientras la primera generación vive la nostalgia de su tierra de orígen, no protesta para no ser expulsado, sus hijos y nietos son ciudadanos del país donde arribaron sus padres, han estudiado y no aceptarán cualquier sacrificio como hicieron sus progenitores. Discriminarlos es empujarlos a la marginación y la delincuencia. El 30% de esos jóvenes franceses que se dedican a quemar coches, escuelas, guarderías y polideportivos, está en paro. La mala situación económica de Francia la resienten más esas masas de franceses de segunda o tercera generación. Si encima, un descendiente de inmigrantes como el Ministro del Interior Nicolas Sarkozy, les llama racaille (chusma), para ganarse unos votos en su lucha por la presidencia de la República frente a su rival Dominique de Villepin, el fuego alcanza proporciones desastrosas. Ni padres ni líderes religiosos han sido convocados y apoyados por las autoridades para limitar el incendio. Solo se está hablando de medidas de fuerza, de llamar al ejército, pero no se arbitran rápidamente medidas tendentes a solucionar el problema civilizadamente.

Convertir la inmigración en arma para la lucha partidista, no parece la mejor forma de impedir el contagio a nuestro país aunque, insisto, todavía no estamos con segunda o tercera generación de inmigrantes en España. Cualquiera que sea el partido que gobierne en nuestro país, el problema requerirá un pacto de todo el abanico parlamentario español para que no se produzca el conato de guerra civil que padece Francia. Aunque en el país vecino solo el 5% de los hijos de inmigrantes es universitario, hay masas con educación secundaria que no aceptarán, siendo ciudadanos franceses, trabajo de barrendero, servicio doméstico o albañil. Uno de los primeros efectos de la educación es el abandono del miedo y la resignación.

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