Ceranda Digital

Publicado el 7 de Enero, 2006, 9:01

Escrito por Jose Antich Valero, Director de la Vanguardia

La Vanguardia - 07-01-06

UNAS inaceptables declaraciones en Sevilla del teniente general José Mena Aguado, jefe de la Fuerza Terrestre española, con más de 50.000 profesionales del ejército a su mando, provocaron ayer un revuelo al que hacía años que los militares no nos tenían acostumbrados. Su advertencia de que el Ejército tendría que intervenir si algún Estatuto sobrepasa la Constitución, efectuada en pleno debate del Estatut de Catalunya, es la última puñalada que recibe el texto surgido del Parlament por parte de un alto funcionario del Estado. El jefe del Estado Mayor de la Defensa ha propuesto al ministro su cese fulminante y José Bono ha convocado al teniente general Mena para esta mañana en el ministerio. Más allá de la obligada destitución inmediata del teniente general y su pase a la reserva, hay varias consideraciones que deben realizarse: ¿Por qué el ministro no lo destituyó ayer mismo? Es el poder político, el que emana de la voluntad popular, el que debe tomar la iniciativa ante una declaración como la manifestada por el teniente general. ¿Cuesta tanto ver que Mena Aguado estaba haciendo también una declaración contra el Gobierno, contra Zapatero y fijando los límites del Estatut? ¿Qué hace el PP encubriendo estas declaraciones? Es legítima la discrepancia total con el Estatut, pero avalar la intervención del ejército como ayer se hizo supone un inconcebible salto al vacío del principal partido de la oposición y precisa una rectificación.

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