Ceranda Digital

Publicado el 17 de Enero, 2006, 21:48

Escrito por Manuel Ramirez Jiménez  es Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Zaragoza

El Periódico - 15-12-05

Hace algún tiempo que ese buen científico de la política llamado Hans Meter Schneider llamaba la atención sobre la necesidad de amplio consenso a la hora de adoptar las denominadas "decisiones de nuevo tipo". Decisiones de consecuencias irreversibles o casi irreversibles. Aquellas que requieren algo más que el acuerdo mayoritario de un momento dado. Precisamente porque con el paso del tiempo y de generaciones perduran en la posteridad y tienen difícil e indeseable vuelta atrás. Y su veredicto es claro: hay que pasar de la democracia de la opinión a la democracia de la codecisión . La que no es únicamente representativa y de partidos. La que es también de intereses afectados y apela a su consulta. Me ha parecido de gran conveniencia traer a colación esta referencia por considerarla de sumo beneficio en el juego de nuestra actual política. Exponiendo de otra forma la consideración de Schneider, podríamos sintetizarla en las dos siguientes afirmaciones. En primer lugar, nos encontramos ante los comúnmente denominados "temas de Estado". Temas que superan los limitados intereses de un partido, por muy mayoritario que sea su elenco parlamentario. Son temas que afectan a algo superior. Algo que debe permanecer justamente porque definen al mismo Estado y a la consolidación de un proceso democrático exento de los habituales cambios propios de la tendencia política de quienes llegan al Gobierno a través de los votos. La sucesión de mayorías o minorías, de pactos en puntos concretos o de permanentes alianzas, son aspectos habituales y lícitos en cualquier sistema de democracia representativa como es la nuestra. Pero los temas de Estado deben estar al margen de esos posibles cambios. Son constitutivos de unas líneas generales que deben tender a la permanencia. Que no permiten aquello de que cada maestrillo hace su librillo. Que deben estar en vigor para los actuales ciudadanos, para sus hijos y para sus nietos, si es que no se da una grave circunstancia que requiera un retoque determinado o un cambio más o menos profundo.

Y, en segundo lugar y continuando el citado excursus, son igualmente temas, problemas, asuntos que requieren, antes de plasmarse en decisiones gubernamentales, de la llamada "codecisión". Es decir, a la decisión del partido en cuestión, debe preceder la consulta de los afectados. La toma previa de la opinión de aquellos a quienes va a dañar o beneficiar lo que luego se decida. El parecer de quienes se supone que más y mejor conocen la problemática del asunto en cuestión. Al requerimiento de los votos debe acompañar con cierta prioridad la conciencia colectiva de que resultará lo mejor para quienes va a afectar lo que está llamado a convertirse en alguna disposición de obligado cumplimiento. De esta forma la fuerza de los votos se incrementa, sencillamente porque es, a la vez, el parecer de quienes deben estar llamados a respetarlos. Y respetarlos para largo tiempo.

Pero descendamos a la práctica de nuestro país. Uno sale a la calle y pregunta: ¿de qué plan de estudios eres? Auténtica hemorragia de respuestas. Del bachillerato de siete años (que los hay y bien vivitos). Del bachillerato de seis años, con reválida de cuarto, reválida de sexto y preuniversitario. De lo mismo pero ahora, en vez de Preu, con el COU (¿). Algo más tarde: de la ESO. No, yo de la LOGSE. Si pasamos a estudios universitarios, el tema iría más o menos así: yo del plan Ruiz-Giménez. Yo del plan de la ley Villar Palasí. No, yo ya tuve la desgracia de caer bajo la nefasta LRU. Luego, los intentos de la LAU y el aún vigente de la LOU de Pilar del Castillo. ¿Es posible pensar en algún país con este auténtico caos en tema fundamental como es la enseñanza que, por añadidura, cada vez va a peor?

Por supuesto, no termina ahí el asunto. Pensemos nada menos que en otro tema esencial como el servicio militar, vigente en todos nuestros textos constitucionales. Posibles respuestas: larga mili de 18 meses con 3 de ellos de instrucción, cambio de la mili por las milicias universitarias, dispensa de la mili por prestación social, mili de nueve meses con uno y medio de instrucción, hasta... supresión de la groseramente llamada "puta mili".

Ahora con pago por los servicios prestados y con gran porcentaje de inmigrantes. Repito la pregunta anterior. ASÍ NO vamos a ninguna parte.

Nuestros grandes temas de Estado (educación, universidad, ejército, política exterior, sanidad...) siguen estando al albur del partido en el poder. Esta realidad lamentable necesita ser pronto corregida si es que aspiramos a ser una democracia moderna y estable. Lo contrario es puro caos. ¿Tanto trabajo cuesta el acuerdo entre los grandes partidos? ¿Y consultar a quienes saben del tema antes de legislar? Parece que no vamos a escarmentar nunca. Ni en el famoso turnismo de la Restauración se producían situaciones semejantes.

Ver además:

Articulos y trabajos publicados por Manuel Ramirez Jiménez