Ceranda Digital

Publicado el 28 de Febrero, 2006, 4:22

Escrito por Luis Artigue Holgado

Diario de León -28-02-06

TODOS PODEMOS OPINAR pero hay a quien le toca decidir y sus decisiones, a veces arriesgadas, pueden conducir a, todo- un país al cisma o a esa madurez democrática llamada paz que tanto tiene que ver con la negociación. Y es que, en esencia, la política es el arte de la negociación.

Ciertamente resulta muy difícil saber cuándo en una negociación se están haciendo concesiones y cuando se está transigiendo pero acaso la clave radique no en una mirada al pasado -con sus desencuentros, su sufrimiento y sus muertos- sino en una visionaria mirada al futuro. Negociación no para ofender a las víctimas ni a nadie ni tampoco para unir dos alejadísimas posturas sino para que todos estemos democráticamente de acuerdo en las reglas del juego. Negociación para un futuro mejor que el presente tratando de curar el pasado. Negociación para que no siga todo igual.

Vivimos tiempos cruciales en la Historia de España  en los que hace falta menos frivolidad que finura moral y decisión. Por eso éste es un buen momento para entender que en política el talante y la brillantez verbal sólo resultan útiles para el conjunto de la sociedad cuando son empuñados por un hombre de acción y de encuentros. Es hora de decidir; de negociar para avanzar.

 La guerra siempre es el fracaso de la política y en ella todos pierden, sí, pero por el contrario en una buena negociación todos salen ganando. No hay vencedores ni vencidos en las negociaciones bien llevadas sino sólo un éxito colectivo: ésa es la clave primera que hemos de tener en cuenta para ser cada vez más políticamente maduros como sociedad.

 En este sentido la Guerra Civil supuso el estrepitoso fracaso político de nuestro país y un rotundo desastre social, pero la llamada Transición fue en cambio una modélica negociación con concesiones por ambas partes de la que  podemos sentirnos todos muy orgullosos. De hecho en ese punto comenzó el actual periodo de modernidad y prosperidad del que ahora disfruta este país.

 Requiere de inteligencia, de sentido de Estado, de generosidad y sin duda es dolorosa pero siempre la negociación estará más cerca de conseguir diluir los dogmatismos que la imposición, y por eso el espíritu negociador ha de formar parte en todo momento del arsenal estratégico de nuestros políticos. No siempre estamos en campaña electoral. No a todas horas y en todo hay que estar en desacuerdo.

 Ahora flota en el ambiente la palabra negociación y acaso también sea esto una invitación para que nos dejemos imbuir por cierto espíritu negociador, pues en él radica la clave de la convivencia -en la vida cotidiana he ahí también un componente generador de paz-. De hecho lo contrario de la negociación es la violencia, y ya está la televisión bastante impregnada de violencia. ¡Basta de violencia política! ¡Negocien sus discrepancias, por favor!

 Necesitamos una política integral de prevención del odio y ésta acaso empiece cuando todas las partes comprueben que resulta más útil para conseguir sus fines legítimos la vía de la paz, de la palabra y de la negociación, que la vía de la violencia. Por eso tratar de Llegar a un acuerdo es, por parte de nuestro Gobierno, no sólo una obligación moral sino una postura valiente y cargada de honestidad:

 Ojalá llegue pronto la paz, por supuesto, pero sino por In menos que no sea por no haberlo intentado decididamente.

Busquemos el acuerdo si es posible, claro. O por decirlo con versos de un joven y brillante poeta vasco, Kirmen Uribe: Ven y hablaremos de las cosas de siempre/del valor que tiene ser amable/de la necesidad de arreglárselas con las dudas/de cómo llenar los huecos que tenemos dentro/Ven, siente en su rostro la mañana/Cada uno de nosotros guarda algo desconocido de las vidas ajenas". En fin

Ver Además:

Nelly, por Fabian Estapé, en Diario de León

La Estrategia del aparatchik, por Juan Varela en Periodistas 21

LUIS ARTIGUE HOLGADO nació en León en 1974 con la luna en escorpio. Ha publicado entre otras cosas los poemarios Por si acaso la vida (Ed. Endymion, accésit del premio Eugenio de Nora) y Tu aroma en la licoreria(Ed. Huerga y Fierro, Premio Villa de Leganés). Por Los muertos tienen sueño le fue otorgado el premio Joven&Brillante de novela corta. Actualmente escribe una columna semanal de opinión en el Diario de León.